Incompatibilidad sexual
Carolina y Fabian, casados desde hace 8 años, tienen 2 hijos. Ella dice quererlo pero me consulta porque hay algo que no funciona. Lo describe como un adicto al trabajo ya que son muchas las horas que pasa en su oficina. El la describe como una mujer “protestona y malhumorada”. Desde que se casaron, sus encuentros sexuales se fueron espaciando; ninguno de los dos está satisfecho con su vida sexual.
Cada miembro de la pareja aporta a la relación su “mapa del amor”, algo así como una especie de esquema mental que construimos desde la infancia y en el que están descritos las actividades sexuales y afectivas que nos resultan más eróticas. Así, nuestra manera particular de sentir placer quedará circunscripta a dar mayor importancia a determinados estímulos y no a otros para alcanzar la plenitud sexual. Si la persona con la que estamos, no se ajusta a estas expectativas, es posible que se produzca incompatibilidad sexual, o sea, que las preferencias sexuales (gustos, tiempos, horarios, posiciones, formas, frecuencia) no coincidan con las particularidades del compañero/a, aunque no existe un problema sexual. Muchas veces esto pasa en parejas que no se eligieron por la atracción sexual sino por otros factores: querer casarse, tener hijos, seguridad económica y/o afectiva, presiones externas, etc. De sus necesidades íntimas, sexuales, no hablan. Carolina y Fabian, casados desde hace 8 años, tienen 2 hijos. Ella dice quererlo pero me consulta porque hay algo que no funciona. Lo describe como un adicto al trabajo ya que son muchas las horas que pasa en su oficina. El la describe como una mujer “protestona y malhumorada”. Desde que se casaron, sus encuentros sexuales se fueron espaciando; ninguno de los dos está satisfecho con su vida sexual.
Yo quiero, yo no quiero
Marta (38 años): “Cuando manteníamos relaciones sexuales, éstas eran siempre satisfactorias. El problema era que sólo las teníamos una vez al mes, cuando él quería y como él quería... con poco juegos".
Esto se conoce como “discronaxias sexuales” y se manifiestan por un desacuerdo entre las necesidades de frecuencia sexual entre los miembros de la pareja, cuando uno de los dos desea más que el otro. Estas diferencias muchas veces, conducen a acusaciones mutuas de “ser un enfermo” (por falta o por exceso) y así, el alejamiento es cada vez mayor. En general, ninguno de los dos está “enfermo”, sino que la intensidad de su deseo es diferente: mientras que uno posee un deseo sexual alto, buena respuesta sexual y búsqueda de estímulos sexuales, el deseo del otro, es menor... seguramente tendrá una buena respuesta sexual, pero no buscará el encuentro y sus fantasías sexuales serán menos frecuentes. Otros factores que también influyen en este problema, es la edad de los consultantes, la historia de vida y de vida sexual de los mismos, la falta (y a veces, total ausencia) de caricias y de juegos sexuales, la casi inexistencia de diálogo en la pareja sobre temas sexuales y la poca o nula destreza sexual: no saber dónde y cómo tocar a la pareja. En este tipo de desencuentros, influye la falta de educación sexual y el desconocimiento sobre la propia sexualidad. Por ello, el re-aprendizaje, el conocimiento de sí mismo y de la otra persona, el diálogo y la negociación, contribuyen a una solución. Y, si es necesario, la consulta con un terapeuta sexual, ayudará a solucionar estos desacuerdos en muy pocas entrevistas.
Problemas de erección por usar preservativo
Mario (42 años): Cuando las mujeres me piden que use profiláctico no puedo sostener la erección, en cambio con una pareja con quien no lo uso ando fenómeno; en cambio si tengo que ponérmelo los nervios me destruyen y no puedo.
Es esta una consulta frecuente de varones que, al aparecer el preservativo, segregan adrenalina y terminan evitando el encuentro. ¿Cuál es la solución? Erotizar el profiláctico, incorporarlo como parte del juego, de modo que cualquiera de los dos pueden colocarlo; muchas veces da buen resultado, que la mujer sea la que lo coloca mientras continúa con la estimulación genital, tomándolo como un ingrediente del juego erótico.
Síndrome del viudo
Pablo (54 años): Soy un hombre de 54 años, hace 1 año que murió mi esposa, con la que estuve durante 30 años, luego de una enfermedad larga y dolorosa, he quedado con un vacío. Ahora estoy tratando a una amiga, pero cuando me acerco a acariciarla o besarla siento miedo, hemos intentado tener relaciones y perdí la erección. Estoy muy preocupado. ¿Qué puedo hacer?
Es común en los hombres que, después de haber perdido a su esposa pasen por esta situación que se llama síndrome del viudo; cuando intentan reanudar su actividad sexual se encuentran con dificultades erectivas. Estos varones no suelen darse cuenta de la relación entre sus sentimientos y la dificultad sexual. La pérdida de la esposa, y el duelo que atraviesa, lo deprime y frente a una nueva relación afectiva de intimidad se bloquea por miedo, sentimiento tan poderoso que puede inhibir la erección. Luego de un fallo eréctil se establece un círculo que puede perpetuarse por años, y este círculo sólo se rompe a través de la terapia sexual.
No me animo
Para algunos varones, la indecisión suele ser un gran problema. Víctimas de lo que se llama trastornos del cortejo, muestran dificultades de poder llegar a la persona deseada y seducirla. Esto puede darse por una excesiva timidez o puede encubrir otros cuadros psicológicos, como una fobia social o sexual, que en todos los casos le impide acercarse a un hombre o una mujer para jugar y disfrutar de los momentos de la etapa del cortejo. Poner “el motor” en marcha se convierte en un imposible. El enfrentarse a una persona, hablarle, invitarla y hasta llamarla por teléfono suele ser una situación muy angustiante. Aparecen síntomas como sudoración, calores, palpitaciones, sensación de querer huir y evadir ese momento. El fortalecimiento de la autoestima y la adquisición de algunas habilidades sociales ayuda a estas personas a superar esta primera etapa de la relación.
Si los síntomas de estos tipos de problemas persisten, cuando no pueden ser resueltos en la intimidad de la pareja o cuando uno de los miembros muestra una resistencia a tratar de cambiar una conducta que hiere los sentimientos o impide el disfrute de una plena sexualidad para ambos , lo mejor es consultar con un / a terapeuta sexual.
Lic. Diana M. Resnicoff
Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: dresni@gmail.com
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